Fotografía Documental
Capturar momentos con respeto, consentimiento y responsabilidad.
Proteger la dignidad y derechos de las personas retratadas.
La fotografía documental surge del encuentro situado con personas y territorios. Para mí, fotografiar es un acto ético y político que exige responsabilidad: implica consentimiento informado, vínculos de confianza construidos en el tiempo y un compromiso sostenido con resguardar la voz de quienes habitan la imagen por sobre cualquier otra intención.
Crecí en el campo y, tras transitar por distintos contextos, he vuelto a colaborar con comunidades rurales y urbanas donde la imagen no es un fin en sí mismo, sino un medio cargado de sentido para quienes la protagonizan. Esto supone intervenir lo mínimo, transparentar los usos y destinos de cada fotografía y respetar los límites definidos por cada persona o comunidad.
Mi enfoque es interseccional y decolonial. Entiendo que fotografiar no es un gesto neutral, sino una práctica inscrita en relaciones de poder que deben ser reconocidas y tensionadas. Desde ahí, mi trabajo busca resguardar la autonomía, visibilizar la diversidad de identidades y sostener narrativas propias, restituyendo a cada persona y comunidad su lugar en la construcción de su historia.
























